Cuentaminándonos

Pretende ser un esfuerzo colectivo por transformar la vida y la cotidianidad del Instituto, introduciendo cambios para sustituir progresivamente los modelos reproductivos, hegemónicos en la escuela actual, y situar la creatividad y los modelos dialógicos como ejes necesarios a partir de los cuales construir el aprendizaje y forjar las relaciones entre las personas que formamos parte de la comunidad educativa. Esa transformación pasa por un cambio profundo en nuestras propias prácticas y actitudes, y también que supondrá nuestra evolución como personas. Sirve como referente y nos alienta el trabajo que desarrollamos el curso pasado con el proyecto Mi escuela, tu refugio (ganador del VIII Premio Nacional de Educación para el Desarrollo “Vicente Ferrer”), proyecto que ofreció, al alumnado y al profesorado que participó, momentos de felicidad y de envolver la vida del centro y  su comunidad en una atmósfera alegre e ilusionante. Conscientes del peso de lo emocional en los procesos de crecimiento y de aprendizaje, con Cuentaminándonos aspiramos a convertir el instituto en un lugar de vida donde se puede, y se debe, ser feliz.

Se fundamenta en tres supuestos teóricos sobre la naturaleza del aprendizaje, tres principios pedagógicos que suponen una apuesta arriesgada, ilusionante y transformadora, y en los que reside buena parte del carácter innovador del proyecto: cogestión, profesorado y alumnado trabajando juntos y participando por igual; el aprendizaje como un proceso de cuentaminación, aprender de experiencias que implican relaciones lingüísticas y emocionales con los otros; y, el supuesto de que se aprende haciendo, lo que se traduce, en un ejercicio de transformación de la lógica reproductiva, que caracteriza en gran medida la cultura dominante de la escuela actual, que apuesten por la creatividad permanente de alumnado y profesorado como medio para aprender. En relación con este último supuesto encontramos la otra característica innovadora de nuestro proyecto, el uso del arte (poesía, música y artes plásticas) como medio privilegiado en la formación de la sensibilidad humana, instrumento para ser mejores, pero también en la conformación de una cultura de paz, sobre todo en la medida en que el arte puede ofrecer silencio y cuidado, frente al ruido y la velocidad que predominan en nuestra escuela y en nuestra sociedad.  

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